El corazón le dijo a la Razón me
enamoré! Atiborrado y lleno de sentimientos se dispuso a querer, no sabía su
destino, pero sabía lo que quería hacer.
Ante aquella afirmación, la razón
sucumbió, quería saber qué cosa era querer para aquel corazón enamorado que vio
estremecer.
La razón tocó la puerta al Corazón,
quien sorprendido le atendió.
Corazón! Háblale a la Razón y
dime el por qué de tanto amor?
A lo que el corazón respondió:
Un día me olvide de mis manías,
de mi forma de ser testaruda y apatía;
entendí que para nada me servían, y no que no valía la pena vivir en agonía
callando lo que sentía.
Me olvidé de mi egoísmo, de mi
idea absurda de vivir bajo el olvido, tuve momentos tristes, angustias y
desolación pero aun así, no resistí y descubrí lo que realmente soy, puro amor.
Me confieso, parecía imposible!
Me había negado antes, me resistía siempre, cerraba mis oídos, puse mil
barreras pero nada servía, al parecer estaba destinado a vivir lo que venía.
Tuve miedo en verdad! Enfermé por
ello, me dejé dominar y caí en una oscura soledad, lloré desenfrenado queriendo
olvidar, pasé días enteros en mi mundo sideral.
Después de un tiempo sentí
oprimido mi ser por dentro, me negaba dejar que fluyeran emociones, sensaciones
y sentimientos, me negaba a entregarme por entero y volví en llanto mis deseos,
y fue así como le gané la batalla al desapego.
Me desprendí de mis temores, de
mis angustias, de mis errores de mi falta de amor y le abrí a la Razón el
corazón.
La Razón se vió confundida y
suspiró! Recordó lo que antes vivía y desconsolada lloró, al corazón no le
sorprendió, creo había llegado el momento de dar explicación.
Cuéntale al Corazón oh Razón el
por qué de tu apatía al amor.
La Razón encajó su voz y así
expreso:
Mi historia Corazón comenzó donde
la tuya ahora empezó, cuando sin medir límites ni razón me entregué locamente
al amor, en aquel entonces poco o nada sabía de este sentimiento y me di con
esmero.
Nunca antes viví sensación igual
y me propuse amar, amé al punto de enloquecer, de perder mi identidad y
quedarme sin humanidad.
También enfermé! tanta era mi
pasión que dolía hasta mi respiración, mis días de ilusión los pasaba
suspirando por aquel amor.
Viví cada instante, disfruté cada
sensación.
Una mañana de invierno, aquel
amor voló, se marchó sin dejarme un suspiro, sin decirme adiós, mi corazón
partido en dos, quedó solo y preso de su amor.
Con el gris pegado a mi cielo mis labios
enmudecieron, mi alma de dolor se vistió
y si sombra sobre mi palideció, ya no había risa, ahora todo era
desolación.
Me culpé por tal razón que cerré
mi corazón, y encontré en la razón mis respuestas para no morir de amor.
Con el tiempo Corazón, te
confieso que he aprendido a dar sin exceso, recibir sin recelos y a decir lo
que siento y pienso, aun que muchas veces me vea expuesto nuevamente a la
tristeza y al desconcierto.
Ya no siento miedo, he desistido
de ellos, mi hoy se convirtió en mi mejor momento, mi mañana es cierto y mi
futuro aun lo estoy reescribiendo.
Ahora bien Corazón! éste será
nuestro trato de amor! lo que quiero y
anhelo de ti, es más de un momento bajo
tu calor, quiero que seas tú el motor para mis sueños, que nada pueda derrumbar
lo que ahora tengo y sé que junto a ti vuelvo a empezar de nuevo.
Hoy la Razón y el Corazón
convergen en el amor, tienen el firme propósito de regalarte más de una sonrisa,
más de una ilusión, tal vez no sea fácil pero intentarlo ya es una opción.