Dicen que cuando amas esperas decepción y sin
duda es así, aun cuando hagas cosas sobre humanas o por lo menos fuera de tus
límites, nada será suficiente para detener el torbellino de frustración y angustia
del mal llamado desamor; el enamoramiento trae intrínseco lo difícil y complejo
que se nos hace a los seres humanos enamorarnos de forma natural, sincera y hasta
el tuétano de los huesos, sin que nos duela más de lo normal.
Quisiéramos,
sino es mucho pedir, no sentirnos atados a una red de falsas ilusiones, esas que
desmayan nuestra desmedida ansiedad y necesidad de ser amados y correspondidos
al tiempo, esas que gravemente nos hacen perder el control de nuestras
emociones; de hecho, quisiéramos por lo mínimo hallarnos en un estado de
limerencia, solo así podemos vernos a nosotros mismo entregándonos al amor de
forma consiente, no diría que segura, pero por lo menos ya sabemos a qué
atenernos, de hecho, debería existir garantía de que no te romperán el corazón
y firmar un acuerdo de olvido para cuando llegue el momento crítico.
Cuando creemos estar enamorados, hacemos
cualquier cosa para probarlo y probarnos a nosotros mismo lo extaciante de
vivir ese momento; no digo que a la mayoría le suceda igual, y quiero estar
equivocada, más cuando creo que las mujeres encabezamos estas extravagantes
expresiones de amor desbordado, aun sin expectativas claras, lo cual es absurdo
para mi entender.
De algún modo o por conveniencia, dejamos aflorar
nuestros propios vicios de locura y pasión en el proceso, en ese punto ya hemos
perdido toda vestigio de amor propio, para entregárselo a un desconocido (a) no
estoy segura, pero deseamos a toda costa desbocarnos en el tren del amor y
pisar los límites de la cursilería; queremos abrir esa puerta con tantas ganas,
sin que alguien haya hecho el preámbulo de tocar de forma sutil y delicada las
fibras de nuestro ser y conquistarnos por entero. ¿Por qué del afán?
Sin embargo, la idea de sentirnos y hallarnos
solas (os) nos agota física y emocionalmente, al punto de no tener control de
los daños. Anulamos nuestro sentido común hasta para ver nuestra realidad compleja,
pero realidad al fin, oye, no es el fin de mundo no pertenecerle a alguien, el
fin del mundo sería tener o estar (son dos cosas diferentes, tener/estar) con alguien
que castre nuestra integridad, deseos, alegrías y aspiraciones; la verdad es
que no hay nada que justifique eso en nuestras vidas.
No necesitamos que alguien coarte la libertad de
sentirnos planas (os) y felices de quienes somos, lo que hacemos y porque
estamos aquí, en otras palabras, requerimos pertenecernos con extremada
vehemencia para cortar con la indiferencia de los amores no correspondidos.
Nadie nos merece tanto como nosotros mismos. (as) y si estamos acompañados de
seguro nos mereceremos uno al otro.
Cada uno de nosotros hombres y mujeres aceptamos
el amor que creemos merecer, y merecemos ese amor bonito y con arrojo, ese que,
aun faltándonos piezas, nos elige para quedarse de manera perdurable y sin
dudas; te aseguro será una hecatombe emocional de proporciones épicas, pero
será el momento para mantener tu corazón en calma y dispuesto, quizás no sea la
persona que habías idealizado, pero para ambos será el mágico momento de estar
locamente enamorados.
Aunqueparadójicamente no tenga sentido las cosas que hacemos, ha llegado el momento
de pertenecerle a alguien y ser insoportablemente feliz. Es el momento, déjate
contemplar, déjate amar MAS de lo normal, déjate amar en la soledad en que no
estas y a la que quieres renunciar, en los espacios que quieres ocultar y cuando
de ti misma (o) quieras escapar, déjate abrigar en el calor profundo de unos
brazos dispuesto a no echarse atrás, veras que no hay lugar más seguro y acogedor,
que en lugar donde ahora estarás.
Alguien
te va amar y lo sabrás, y sobre todo lo notaras; solo prueba besar intensamente
sus labios, rozar su piel con la tuya, sin dudas no existe sensación tan única,
como la de conectar los sentimientos y las emociones corporales al mismo tiempo.
Él o ella amara tu espontaneidad tan natural, la forma efusiva con la que
sonríes y te diviertes, no hay porque sentir miedo, la vida siempre nos trae
más para sorprendernos.
El amor
no se trata de cuanto o más vamos a recibir, se trata también de lo que vamos a
dar en reciprocidad.
Merecemos
a alguien, que aun sabiendo que no necesitamos nada, quiera darnos todo, que se
anticipe a nuestros miedos para no vernos desfallecer, que sea él o la causante
de más recuerdos perdurables, esa persona que te enseñe a seguir siendo una
extraordinaria persona juntos y por separados, una persona que te incluya hasta
en el mínimo de los planes, hasta para hacer un café, merecemos alguien, con
ganas, con tiempo, con interés, que te hable en la mañana y luego a las 10, que
te diga hasta luego y hasta mañana
también, que elogie tu cabello rizado, desprolijo y liso a la vez, que te de un
beso todas las mañana hasta que te vuelva a ver, que te mire fijamente a los
ojos deseoso (a) de hacerte estremecer, que quiera caminar a tu lado juntos y
de la mano, siendo más que la suma de ambos, que sepa extrañar tu aroma y añore
tenerlo por interminables horas, merecemos amar así con arrogancia, con
alevosía y con libertad.
Ahora
quizás te preguntes, si en verdad merecemos a alguien y si nos merecen igual;
de si es posible enamorarse, y creer ciegamente en el amor; pues bien, tal vez
no sea el cuento de hadas que Disney nos mostró, en producciones animadas y a todo
color, pero puedes decidir si creer en realidades o ficción, puedes incluso no
tener ilusión, pero el amor te llegara a tu justa medida, de forma intempestiva
y en alta revolución, no dudes que es el inicio de una gran aventura llamada
amor.
Merecemos
el amor que testarudamente quieres y das.
Estas
lista (o)?
