miércoles, 15 de abril de 2020

El amor que merecemos



Dicen que cuando amas esperas decepción y sin duda es así, aun cuando hagas cosas sobre humanas o por lo menos fuera de tus límites, nada será suficiente para detener el torbellino de frustración y angustia del mal llamado desamor; el enamoramiento trae intrínseco lo difícil y complejo que se nos hace a los seres humanos enamorarnos de forma natural, sincera y hasta el tuétano de los huesos, sin que nos duela más de lo normal.
Quisiéramos, sino es mucho pedir, no sentirnos atados a una red de falsas ilusiones, esas que desmayan nuestra desmedida ansiedad y necesidad de ser amados y correspondidos al tiempo, esas que gravemente nos hacen perder el control de nuestras emociones; de hecho, quisiéramos por lo mínimo hallarnos en un estado de limerencia, solo así podemos vernos a nosotros mismo entregándonos al amor de forma consiente, no diría que segura, pero por lo menos ya sabemos a qué atenernos, de hecho, debería existir garantía de que no te romperán el corazón y firmar un acuerdo de olvido para cuando llegue el momento crítico.
Cuando creemos estar enamorados, hacemos cualquier cosa para probarlo y probarnos a nosotros mismo lo extaciante de vivir ese momento; no digo que a la mayoría le suceda igual, y quiero estar equivocada, más cuando creo que las mujeres encabezamos estas extravagantes expresiones de amor desbordado, aun sin expectativas claras, lo cual es absurdo para mi entender.
De algún modo o por conveniencia, dejamos aflorar nuestros propios vicios de locura y pasión en el proceso, en ese punto ya hemos perdido toda vestigio de amor propio, para entregárselo a un desconocido (a) no estoy segura, pero deseamos a toda costa desbocarnos en el tren del amor y pisar los límites de la cursilería; queremos abrir esa puerta con tantas ganas, sin que alguien haya hecho el preámbulo de tocar de forma sutil y delicada las fibras de nuestro ser y conquistarnos por entero. ¿Por qué del afán?
Sin embargo, la idea de sentirnos y hallarnos solas (os) nos agota física y emocionalmente, al punto de no tener control de los daños. Anulamos nuestro sentido común hasta para ver nuestra realidad compleja, pero realidad al fin, oye, no es el fin de mundo no pertenecerle a alguien, el fin del mundo sería tener o estar (son dos cosas diferentes, tener/estar) con alguien que castre nuestra integridad, deseos, alegrías y aspiraciones; la verdad es que no hay nada que justifique eso en nuestras vidas.
No necesitamos que alguien coarte la libertad de sentirnos planas (os) y felices de quienes somos, lo que hacemos y porque estamos aquí, en otras palabras, requerimos pertenecernos con extremada vehemencia para cortar con la indiferencia de los amores no correspondidos. Nadie nos merece tanto como nosotros mismos. (as) y si estamos acompañados de seguro nos mereceremos uno al otro.
Cada uno de nosotros hombres y mujeres aceptamos el amor que creemos merecer, y merecemos ese amor bonito y con arrojo, ese que, aun faltándonos piezas, nos elige para quedarse de manera perdurable y sin dudas; te aseguro será una hecatombe emocional de proporciones épicas, pero será el momento para mantener tu corazón en calma y dispuesto, quizás no sea la persona que habías idealizado, pero para ambos será el mágico momento de estar locamente enamorados.
Aunqueparadójicamente no tenga sentido las cosas que hacemos, ha llegado el momento de pertenecerle a alguien y ser insoportablemente feliz. Es el momento, déjate contemplar, déjate amar MAS de lo normal, déjate amar en la soledad en que no estas y a la que quieres renunciar, en los espacios que quieres ocultar y cuando de ti misma (o) quieras escapar, déjate abrigar en el calor profundo de unos brazos dispuesto a no echarse atrás, veras que no hay lugar más seguro y acogedor, que en lugar donde ahora estarás.
Alguien te va amar y lo sabrás, y sobre todo lo notaras; solo prueba besar intensamente sus labios, rozar su piel con la tuya, sin dudas no existe sensación tan única, como la de conectar los sentimientos y las emociones corporales al mismo tiempo. Él o ella amara tu espontaneidad tan natural, la forma efusiva con la que sonríes y te diviertes, no hay porque sentir miedo, la vida siempre nos trae más para sorprendernos.
El amor no se trata de cuanto o más vamos a recibir, se trata también de lo que vamos a dar en reciprocidad.
Merecemos a alguien, que aun sabiendo que no necesitamos nada, quiera darnos todo, que se anticipe a nuestros miedos para no vernos desfallecer, que sea él o la causante de más recuerdos perdurables, esa persona que te enseñe a seguir siendo una extraordinaria persona juntos y por separados, una persona que te incluya hasta en el mínimo de los planes, hasta para hacer un café, merecemos alguien, con ganas, con tiempo, con interés, que te hable en la mañana y luego a las 10, que te diga hasta luego y  hasta mañana también, que elogie tu cabello rizado, desprolijo y liso a la vez, que te de un beso todas las mañana hasta que te vuelva a ver, que te mire fijamente a los ojos deseoso (a) de hacerte estremecer, que quiera caminar a tu lado juntos y de la mano, siendo más que la suma de ambos, que sepa extrañar tu aroma y añore tenerlo por interminables horas, merecemos amar así con arrogancia, con alevosía y con libertad.
Ahora quizás te preguntes, si en verdad merecemos a alguien y si nos merecen igual; de si es posible enamorarse, y creer ciegamente en el amor; pues bien, tal vez no sea el cuento de hadas que Disney nos mostró, en producciones animadas y a todo color, pero puedes decidir si creer en realidades o ficción, puedes incluso no tener ilusión, pero el amor te llegara a tu justa medida, de forma intempestiva y en alta revolución, no dudes que es el inicio de una gran aventura llamada amor.
Merecemos el amor que testarudamente quieres y das.
Estas lista (o)?


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